Powered By Blogger

20 julio 2025

Carta de amor (2020)

Mi querido amigo:
Estoy descansando una larga temporada, pero te echo de menos, aquí estás prohibido.
Recuerdo mi niñez, cuando gracias a ti se materializaban mis juegos, mis ilusiones, mis primeros deberes. Conforme iban pasando los años te valoraba más y más, ya que de tu humilde cabeza de carbón aparecían mis padres, mis hermanos, mis amigos. Incluso mis profesores. Cuando cumplí los doce años y descubrí La isla del tesoro, Los tres mosqueteros, y otros libros de aventuras, todo mi mundo fantástico comenzó a brotar gracias a ti. En todas partes, en mis libros, en las mesas de la clase, en las paredes del portal. Ni siquiera achicarte, al sacarte punta, me entristecía; volvías más incisivo. Tanto, que acabaste clavado en la pierna de Gregorio Serrano, el abusón del colegio.
Gracias a ti, con tus momentos de mayor o menor dureza, de mayor o menor finura, conseguí dar vida a mis personajes, aquellos que me han encumbrado, incluso que me han traído aquí. No he conocido otro compañero como tú. Amigo fiel, nunca me has fallado. Bueno, alguna vez has llegado a perder la cabeza tras una discusión. Pero siempre tenía arreglo.
Pero hoy en día nuestros caminos se han separado. Al igual que con Gregorio Serrano, mediaste en otro conflicto y acabaste clavado en una garganta. Y aquí, como te decía, estás prohibido. Te echo de menos.
Te quiero.




09 julio 2025

Luna de miel (2022)

¡Cómo pesaba la maleta! El próximo día pido que me ayuden. Y hemos tenido suerte, ha salido más barato de lo que esperábamos. Aunque le expliqué a la señorita que quería un camarote para los dos, ella se empeñó en darme uno individual. Le dije muchas veces que no, que era para nosotros dos, pero ponía cara rara, como si se hubiese tomado algo chungo. Tal vez porque tenía poco tiempo, ya que estaba atendiendo una llamada con su móvil. O tal vez porque no dejaban de hablarle por el auricular que llevaba en la oreja, aunque daba señales de impaciencia, porque golpeaba la mesa con ritmo, como hacía mi colega “el baquetas” cuando ensayaba sus canciones. Incluso me ofrecí a enseñarle a mi mujer, que iba bien guardada en la maleta. Pero la señorita me dijo amablemente que no hacía falta. Cuando le di el dinero, se puso guantes para cogerlo. La verdad, desde que estoy fuera del piso me doy cuenta de lo que sufre la gente de fuera con tantas manías. 

Tiraba ya de mi mujer y del resto del equipaje para subir a bordo, cuando sentí que el corazón me golpeaba la cabeza. Arriba, al final de la pasarela, estaba don Manuel, mi terapeuta. Me quedé quieto, con la boca abierta, mientras los de atrás gruñían y decían un no sé qué, y pasaban a mi lado empujando. Cuando la sangre bajó de mi cerebro y mi cabeza comenzó a funcionar, me limpié las babas y me pregunté quién sabía de mi viaje de luna de miel. Sólo mis amigos del piso, y todos odian a don Manuel. Eché mano al bolsillo y saqué una pastilla del montón que llevaba siempre ahí, me la puse debajo de la lengua y esperé que me ayudase rápidamente. No la había mirado para ver el color, pero daba igual, todas ayudan más o menos. Seguí subiendo por la pasarela. Le tengo que contar a mi mujer que sé mucho de barcos y cruceros, que lo aprendí todo en el piso, viendo Vacaciones en el mar. Cuando llegué a la cubierta, don Manuel desaparecía a proa, cogido del brazo de una rubia con tetas gordas. Ella me sonaba de hace mucho tiempo, esta tarde haré memoria, seguro que la recuerdo. Para eso me tengo que tomar la azul, y estar muy concentrado. Llegamos al camarote, que estaba en la cubierta inferior. No tenía mucha luz, la bombilla estaba rota y sólo funcionaba la del baño. Luego cogeré una bombilla del pasillo, mi mujer no puede estar a oscuras, le da miedo. Bastante habrá sufrido la pobre dentro de la maleta. Entonces me acordé que seguía ahí dentro y corrí a socorrerla. La dejé encima de la cama, fofa, sin gracia. No reaccionó, estaba floja, con cara de susto.



01 julio 2025

Robaperas (2021)

Madrid, jornada del 24 de abril de 1619.

—Buenos días tenga vuestra señoría, maese Juan.

—Buen día reciba vuesa merced, compadre Ezequiel. A fe mía, extraño su presencia por estos lares, dado que su señoría recaba sus cuitas lejos de aqueste mentidero de la Paja.

—Voto a bríos que estáis en lo cierto, querido Juan, más hoy no me hallo en busca de nuevas, sino de fulleros que, llegado el caso, sepan tanto desjarretar corchetes como acarrear calderos repletos de reales de vellón.

—Plugo al cielo que vuesa merced anda corto de mesnada e no sabe cómo preparar la encamisada.  

—Escaso de mesnada sí, pero repleto de mesnadería cuando el botín descanse en nuestras alforjas. E para el otro empeño, busco al mejor pícaro de la villa e corte. Tal vez lo conozcáis.

—Puede que sí, ahora me viene a la testa un primo, muy apuesto e venturoso.

—Nada más deseoso para él, más de esa guisa, por petimetre le tomaran. Lo prefiero torvo e malencarado.

—Pues entonces será hábil e noble con las armas.

—Lo prefiero bellaco, más adecuado para el encargo.

—Será tal vez experto en amores.

—Quia, ¡si es farfante, ganapán e quitahipos! 

—Albricias, pues ya lo habéis encontrado, compadre Ezequiel. ¿E quién será la desventurada víctima de aquestas inquinas?

—Maese Juan, niego la inquina pues ningún mal deseo al viejo hidalgo. Más bien procuro un préstamo generoso, para nada oneroso. Nuestro querido compadre sufre un mal nocturno que le impide conciliar el sueño, manteniendo una prolongada vigilia que le atormenta. Ahora vive  consumido, como un baldragas e un cagalindes. Nuestra intención sanadora es alejarle de aquello que le quita el sueño, el hambre e, por ende, la vida.

—Pardiez, pareciérame antes del parlamento, que vuesa merced quisiera robar los cuartos al viejo hidalgo. Más ahora, desecho el entuerto, siento cómo la virtud cristiana guía vuestros deseos. Estar tarde acercárame a San Sebastián, a prender dos velas por vos.

—Dios le guarde e preserve el juicio.

—Contad pues conmigo para tan pía empresa.

—Pía e venturosa.

—¡Tasque el freno compadre! La ventura está por llegar, e no se confíe en exceso pues también es pronto el deceso. Si la encamisada sale bien, todos contentos. Si sale rana, nos descoyuntarán las ancas en algún sótano del Palacio de Santa Cruz.

—¡Vive Dios que no llegará la sangre al río! 

—De eso, ni yo me fío.

—Pues hasta mañana entonces.

—Si Dios e su majestad así lo quieren, no seré yo quien les lleve la contraria.      

Diccionario

  • Baldragas: Persona inusualmente simple
  • Bellaco: Se emplea para definir a una persona astuta y sagaz, así como para nombrar a un traidor.
  • Cagalindes: Cobarde
  • Farfante: Parlanchín, amigo de echarse flores y contar fantasmadas en las que se dice protagonista.
  • Fullero: Que hace trampas.
  • Ganapán: Hombre rudo y tosco. Que nunca saldrá de pobre.
  • Corchetes: Agente de justicia que se encargaba de prender a los delincuentes.
  • Desjarretar: Debilitar y dejar sin fuerzas a alguien.
  • Petimetre: Joven muy presumido que se preocupa exageradamente por su aspecto.
  • Quitahipos: Persona tan fea que te asusta nada más verla.
  • Robaperas: Dícese de la persona que, literalmente, no es nadie.
  • Torvo: Dicho especialmente de la mirada: Fiera, espantosa, airada y terrible a la vista.



28 junio 2025

Cruce de caminos, cruce de tiempos, qué cruz (2019)

—Disculpe señorita, se ha sentado encima de mi…

―¿Eh, quién habla? Pero… ¡si aquí no hay nadie!

―Ahora resulta que soy invisible.

―Pues no veo a nadie…

―Llevo aquí sentado más de una hora.

―Lo que decía, “el hombre invisible”

―Un poco más de respeto por favor, que no quiero llamar al revisor.

―¿El revisor, será usted antiguo?

―¿Cómo dice, que no hay revisor en este tren? Seguro, y también  que Franco ha muerto…

―¿Y quién es ese?

―Por Dios, ¡qué les enseñan en la escuela!

―Oiga, oiga, no se venga arriba, que yo he ido a un colegio concertado.

―Me hubiese venido arriba para dejarle el asiento, pero se ha abalanzado sobre mí.

―¿Insinúa usted que le estoy acosando? Si ni siquiera le puedo ver.

―Nada más lejos de la realidad, señorita. Le estaba contando que le iba a dejar el asiento cuando… ¿sigue empeñada en que no me ve? Espere, espere, que esto me suena… ¿Ahora me ve?

―¿Cómo lo ha hecho? ¿De dónde viene?

―Es una historia muy larga, aunque tenemos tiempo porque este tren ya no para más.

―¡Pero qué dice, si queda poco para llegar a Sol! ¿Se encuentra usted bien?

―Mejor que nunca, gracias. ¿Este tren no va a Alcantarilla? Voy al funeral de mi abuelo. Falleció en las trochas de Cuba y vamos a darle cristiana sepultura.

―Sigo sin entender lo que habla, ¿no quiere que avise al médico?

―Ay, qué dulce es usted, se parece a mi nieta. Ella se ha ido a estudiar a la Sorbona, porque aquí no les dejan entrar en la Universidad, qué país de retrasados ¡Burp!

―Jajajaja, ¿se ha tirado usted un eructo?

―Es el problema de la visibilidad, acumulo gases… y es de buena educación expulsarlos así.

―Qué gracioso, por lo menos es sincero. Bueno, llegamos a mi estación, ha sido un placer. Asegúrese bien, que este tren no va para Alcantarilla.

―Gracias hija, y tú ten cuidado con los franceses, que siempre nos han odiado.



26 junio 2025

Mártir del Universo (2023)

Aterricé en la Tierra. Misión del Líder Supremo: valorar condiciones de vida.

Aire respirable. El localizador indicaba Picos de Europa. Descubrí seres con cuernos. Lancé el comunicado en cuarenta mil lenguas universales. Siguieron masticando. Me acerqué y mostré un mensaje visual. Recibí lametazos. Tiré el casco, dañado. Olía a hierba y mierda. Me dirigí a una población. Cazas hostiles me atacaron graznando. Me llevaron en volandas. Disparé. Caí en vuelo libre, estrellándome contra el Museo del Quesu. Aterricé sobre una crema viscosa que olía como el refrigerante de la nave. La probé. Mis glándulas empáticas explotaron. Llené de crema mis dos estómagos. El suelo estaba repleto de botellas verdes. La mitad no resistieron mis tres toneladas de peso. Recogí dos muestras. Toqué el líquido con el dedo índice de mi primera mano derecha y lo chupé con ambas lenguas. Mis cuatro ojos relucieron, mis cabezas giraron. La etiqueta decía sidra. Era ácido y fresco. Me bebí seiscientas botellas. Caí al suelo mareado, meándome encima. Hacía ruidos con las bocas, que el traductor reconoció como carcajadas.

Aviso entrante: enviar primer informe.

Planeta Tierra habitable. Primer contacto positivo. Segundo contacto negativo, cazas hostiles. Sufro heridas. Recuperándome con tecnología terrícola. ¡Puxa Líder Supremo!

24 junio 2025

Navidad en el penal (concurso de cuentos de Navidad Zenda, 2018)

Los primeros copos de nieve flotaron sin avisar, como otros años. Se despertó, había llegado la Navidad. Llevaba mucho tiempo allí, y medía el tiempo por las estaciones. Sobrevivía desde hacía más de quince años en aquel agujero, y  envejecía rápidamente; con cuarenta años era considerado un viejo, todo un veterano. Las palizas, la escasez de alimentos y las malas condiciones de aquel lugar le habían llevado a un estado de postración lamentable, y ya comenzaba a ansiar un final, para bien o para mal. Cuando notó aquellos copos, su sonrisa inicial se fue transformando en una mueca de miedo, al ver cómo se amontonaban dentro de su estrecha celda. Otros años no habían llegado a cuajar más allá del rincón donde estaba el cubo de las heces, y en el alféizar del ventanuco, entre los barrotes. Pero ahora caían copiosamente, con fuerza, como si quisieran enterrarle vivo. De poco le serviría gritar, los vigilantes solían dormir profundamente, con la tranquilidad de los que saben que de allí no se escapaba nadie. Pero era Navidad, y los milagros existen; la nieve se fue amontonando poco a poco en su celda, dándole tiempo a situarse en la cresta de la montonera, hasta llegar al ventanuco. Los barrotes, presos como él, cargados de herrumbre, cedieron con facilidad. Asombrado, por un momento quedó inmóvil, como si aquello fuese un sueño. La vida le había regalado otra oportunidad. Saltó al exterior, donde todo estaba oculto bajo un manto blanco. Corrió libre, con el corazón palpitante que le impedía respirar, alejándose de aquel maldito lugar. A lo lejos comenzó a oír ruidos secos, ¡las campanadas!

Desde su atalaya, el vigilante observaba admirado la nevada que había cubierto por completo el penal. Comenzó a soñar con las navidades, las risas de sus hijos mientras adornaban el árbol, las canciones, las reuniones familiares. Este año, con un poco de suerte, podría pasar alguna fiesta con su familia. Un punto negro, que iba profanando pasito a pasito toda aquella blancura, le despertó de sus fantasías. Cogió su fusil, lo cargó y apuntó. Le costó varios disparos hacer blanco en el punto negro.

Vio cómo rodaba pendiente abajo. Una lágrima resbaló por su mejilla. No llegó muy lejos, murió congelada cerca de su sonrisa amarga.

Selección del concurso de cuentos de Navidad en Zenda - Zenda



Entrevista a Miguel Morató

Buenos días os dejo aquí esta entrevista (autoentrevista). Espero que os guste, es totalmente artesanal, por lo que pido disculpas por los f...