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28 junio 2025

Cruce de caminos, cruce de tiempos, qué cruz (2019)

—Disculpe señorita, se ha sentado encima de mi…

―¿Eh, quién habla? Pero… ¡si aquí no hay nadie!

―Ahora resulta que soy invisible.

―Pues no veo a nadie…

―Llevo aquí sentado más de una hora.

―Lo que decía, “el hombre invisible”

―Un poco más de respeto por favor, que no quiero llamar al revisor.

―¿El revisor, será usted antiguo?

―¿Cómo dice, que no hay revisor en este tren? Seguro, y también  que Franco ha muerto…

―¿Y quién es ese?

―Por Dios, ¡qué les enseñan en la escuela!

―Oiga, oiga, no se venga arriba, que yo he ido a un colegio concertado.

―Me hubiese venido arriba para dejarle el asiento, pero se ha abalanzado sobre mí.

―¿Insinúa usted que le estoy acosando? Si ni siquiera le puedo ver.

―Nada más lejos de la realidad, señorita. Le estaba contando que le iba a dejar el asiento cuando… ¿sigue empeñada en que no me ve? Espere, espere, que esto me suena… ¿Ahora me ve?

―¿Cómo lo ha hecho? ¿De dónde viene?

―Es una historia muy larga, aunque tenemos tiempo porque este tren ya no para más.

―¡Pero qué dice, si queda poco para llegar a Sol! ¿Se encuentra usted bien?

―Mejor que nunca, gracias. ¿Este tren no va a Alcantarilla? Voy al funeral de mi abuelo. Falleció en las trochas de Cuba y vamos a darle cristiana sepultura.

―Sigo sin entender lo que habla, ¿no quiere que avise al médico?

―Ay, qué dulce es usted, se parece a mi nieta. Ella se ha ido a estudiar a la Sorbona, porque aquí no les dejan entrar en la Universidad, qué país de retrasados ¡Burp!

―Jajajaja, ¿se ha tirado usted un eructo?

―Es el problema de la visibilidad, acumulo gases… y es de buena educación expulsarlos así.

―Qué gracioso, por lo menos es sincero. Bueno, llegamos a mi estación, ha sido un placer. Asegúrese bien, que este tren no va para Alcantarilla.

―Gracias hija, y tú ten cuidado con los franceses, que siempre nos han odiado.



26 junio 2025

Mártir del Universo (2023)

Aterricé en la Tierra. Misión del Líder Supremo: valorar condiciones de vida.

Aire respirable. El localizador indicaba Picos de Europa. Descubrí seres con cuernos. Lancé el comunicado en cuarenta mil lenguas universales. Siguieron masticando. Me acerqué y mostré un mensaje visual. Recibí lametazos. Tiré el casco, dañado. Olía a hierba y mierda. Me dirigí a una población. Cazas hostiles me atacaron graznando. Me llevaron en volandas. Disparé. Caí en vuelo libre, estrellándome contra el Museo del Quesu. Aterricé sobre una crema viscosa que olía como el refrigerante de la nave. La probé. Mis glándulas empáticas explotaron. Llené de crema mis dos estómagos. El suelo estaba repleto de botellas verdes. La mitad no resistieron mis tres toneladas de peso. Recogí dos muestras. Toqué el líquido con el dedo índice de mi primera mano derecha y lo chupé con ambas lenguas. Mis cuatro ojos relucieron, mis cabezas giraron. La etiqueta decía sidra. Era ácido y fresco. Me bebí seiscientas botellas. Caí al suelo mareado, meándome encima. Hacía ruidos con las bocas, que el traductor reconoció como carcajadas.

Aviso entrante: enviar primer informe.

Planeta Tierra habitable. Primer contacto positivo. Segundo contacto negativo, cazas hostiles. Sufro heridas. Recuperándome con tecnología terrícola. ¡Puxa Líder Supremo!

24 junio 2025

Navidad en el penal (concurso de cuentos de Navidad Zenda, 2018)

Los primeros copos de nieve flotaron sin avisar, como otros años. Se despertó, había llegado la Navidad. Llevaba mucho tiempo allí, y medía el tiempo por las estaciones. Sobrevivía desde hacía más de quince años en aquel agujero, y  envejecía rápidamente; con cuarenta años era considerado un viejo, todo un veterano. Las palizas, la escasez de alimentos y las malas condiciones de aquel lugar le habían llevado a un estado de postración lamentable, y ya comenzaba a ansiar un final, para bien o para mal. Cuando notó aquellos copos, su sonrisa inicial se fue transformando en una mueca de miedo, al ver cómo se amontonaban dentro de su estrecha celda. Otros años no habían llegado a cuajar más allá del rincón donde estaba el cubo de las heces, y en el alféizar del ventanuco, entre los barrotes. Pero ahora caían copiosamente, con fuerza, como si quisieran enterrarle vivo. De poco le serviría gritar, los vigilantes solían dormir profundamente, con la tranquilidad de los que saben que de allí no se escapaba nadie. Pero era Navidad, y los milagros existen; la nieve se fue amontonando poco a poco en su celda, dándole tiempo a situarse en la cresta de la montonera, hasta llegar al ventanuco. Los barrotes, presos como él, cargados de herrumbre, cedieron con facilidad. Asombrado, por un momento quedó inmóvil, como si aquello fuese un sueño. La vida le había regalado otra oportunidad. Saltó al exterior, donde todo estaba oculto bajo un manto blanco. Corrió libre, con el corazón palpitante que le impedía respirar, alejándose de aquel maldito lugar. A lo lejos comenzó a oír ruidos secos, ¡las campanadas!

Desde su atalaya, el vigilante observaba admirado la nevada que había cubierto por completo el penal. Comenzó a soñar con las navidades, las risas de sus hijos mientras adornaban el árbol, las canciones, las reuniones familiares. Este año, con un poco de suerte, podría pasar alguna fiesta con su familia. Un punto negro, que iba profanando pasito a pasito toda aquella blancura, le despertó de sus fantasías. Cogió su fusil, lo cargó y apuntó. Le costó varios disparos hacer blanco en el punto negro.

Vio cómo rodaba pendiente abajo. Una lágrima resbaló por su mejilla. No llegó muy lejos, murió congelada cerca de su sonrisa amarga.

Selección del concurso de cuentos de Navidad en Zenda - Zenda



Entrevista a Miguel Morató

Buenos días os dejo aquí esta entrevista (autoentrevista). Espero que os guste, es totalmente artesanal, por lo que pido disculpas por los f...