Madrid, jornada del 24 de abril de 1619.
—Buenos días tenga vuestra señoría, maese Juan.
—Buen día reciba vuesa merced, compadre Ezequiel. A fe mía, extraño su presencia por estos lares, dado que su señoría recaba sus cuitas lejos de aqueste mentidero de la Paja.
—Voto a bríos que estáis en lo cierto, querido Juan, más hoy no me hallo en busca de nuevas, sino de fulleros que, llegado el caso, sepan tanto desjarretar corchetes como acarrear calderos repletos de reales de vellón.
—Plugo al cielo que vuesa merced anda corto de mesnada e no sabe cómo preparar la encamisada.
—Escaso de mesnada sí, pero repleto de mesnadería cuando el botín descanse en nuestras alforjas. E para el otro empeño, busco al mejor pícaro de la villa e corte. Tal vez lo conozcáis.
—Puede que sí, ahora me viene a la testa un primo, muy apuesto e venturoso.
—Nada más deseoso para él, más de esa guisa, por petimetre le tomaran. Lo prefiero torvo e malencarado.
—Pues entonces será hábil e noble con las armas.
—Lo prefiero bellaco, más adecuado para el encargo.
—Será tal vez experto en amores.
—Quia, ¡si es farfante, ganapán e quitahipos!
—Albricias, pues ya lo habéis encontrado, compadre Ezequiel. ¿E quién será la desventurada víctima de aquestas inquinas?
—Maese Juan, niego la inquina pues ningún mal deseo al viejo hidalgo. Más bien procuro un préstamo generoso, para nada oneroso. Nuestro querido compadre sufre un mal nocturno que le impide conciliar el sueño, manteniendo una prolongada vigilia que le atormenta. Ahora vive consumido, como un baldragas e un cagalindes. Nuestra intención sanadora es alejarle de aquello que le quita el sueño, el hambre e, por ende, la vida.
—Pardiez, pareciérame antes del parlamento, que vuesa merced quisiera robar los cuartos al viejo hidalgo. Más ahora, desecho el entuerto, siento cómo la virtud cristiana guía vuestros deseos. Estar tarde acercárame a San Sebastián, a prender dos velas por vos.
—Dios le guarde e preserve el juicio.
—Contad pues conmigo para tan pía empresa.
—Pía e venturosa.
—¡Tasque el freno compadre! La ventura está por llegar, e no se confíe en exceso pues también es pronto el deceso. Si la encamisada sale bien, todos contentos. Si sale rana, nos descoyuntarán las ancas en algún sótano del Palacio de Santa Cruz.
—¡Vive Dios que no llegará la sangre al río!
—De eso, ni yo me fío.
—Pues hasta mañana entonces.
- Baldragas: Persona inusualmente simple
- Bellaco: Se emplea para definir a una persona astuta y sagaz, así como para nombrar a un traidor.
- Cagalindes: Cobarde
- Farfante: Parlanchín, amigo de echarse flores y contar fantasmadas en las que se dice protagonista.
- Fullero: Que hace trampas.
- Ganapán: Hombre rudo y tosco. Que nunca saldrá de pobre.
- Corchetes: Agente de justicia que se encargaba de prender a los delincuentes.
- Desjarretar: Debilitar y dejar sin fuerzas a alguien.
- Petimetre: Joven muy presumido que se preocupa exageradamente por su aspecto.
- Quitahipos: Persona tan fea que te asusta nada más verla.
- Robaperas: Dícese de la persona que, literalmente, no es nadie.
- Torvo: Dicho especialmente de la mirada: Fiera, espantosa, airada y terrible a la vista.


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