Aterricé en la Tierra. Misión del Líder Supremo: valorar condiciones de vida.
Aire respirable. El localizador indicaba Picos de Europa. Descubrí seres con cuernos. Lancé el comunicado en cuarenta mil lenguas universales. Siguieron masticando. Me acerqué y mostré un mensaje visual. Recibí lametazos. Tiré el casco, dañado. Olía a hierba y mierda. Me dirigí a una población. Cazas hostiles me atacaron graznando. Me llevaron en volandas. Disparé. Caí en vuelo libre, estrellándome contra el Museo del Quesu. Aterricé sobre una crema viscosa que olía como el refrigerante de la nave. La probé. Mis glándulas empáticas explotaron. Llené de crema mis dos estómagos. El suelo estaba repleto de botellas verdes. La mitad no resistieron mis tres toneladas de peso. Recogí dos muestras. Toqué el líquido con el dedo índice de mi primera mano derecha y lo chupé con ambas lenguas. Mis cuatro ojos relucieron, mis cabezas giraron. La etiqueta decía sidra. Era ácido y fresco. Me bebí seiscientas botellas. Caí al suelo mareado, meándome encima. Hacía ruidos con las bocas, que el traductor reconoció como carcajadas.
Aviso entrante: enviar primer informe.
Planeta Tierra habitable. Primer contacto positivo. Segundo contacto negativo, cazas hostiles. Sufro heridas. Recuperándome con tecnología terrícola. ¡Puxa Líder Supremo!

