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04 agosto 2026

¿Cómo surgió la idea de Tolo?

El germen de Tolo nació en 2017, en un taller de escritura con #marisamañana. Era un relato donde el personaje principal, el narrador, cuenta cosas de un compañero de piso donde viven. Es un piso tutelado, y el psiquiatra les ha encargado que escriban una redacción sobre alguna rareza de uno de sus compañeros. El personaje y la ambientación me gustaron, y lo utilicé para otros trabajos. Y por fin, este año la criatura nació con nombre propio: Tolo. 

Este es el relato de aquel año. Son cerca de seiscientas palabras, espero que os guste.

Hoy es viernes, hoy tengo que escribir sobre uno de mis compañeros de piso, sobre alguna cosa que haga que me parezca rara, extraña. El psiquiatra nos manda escribir todos los viernes, después de desayunar. Dice que es una terapia que nos vendrá bien, que nos ayudará cuando salgamos a la calle.

El compañero del que voy a hablar se llama Luis, es un chico joven, tiene el pelo negro y todo el día está sin parar de moverse. No sé cómo se llama su enfermedad, todos tenemos una. No le veo sentado casi nunca, todo el día paseando por el piso, y cuando está sentado sus piernas no paran de botar. Cuando comemos no para de hablar, moviendo todo el cuerpo. Incluso habla por las noches, todo el rato, aunque no logro entender qué dice en sus sueños. Le tengo que decir al psiquiatra que le de una de mis pastillas. Una noche le di la mía y me quedé sin dormir toda la noche, viendo cómo Luis dormía del tirón, sin hablar.

Pero hoy tengo que hablar de alguna cosa muy rara de Luis. Lo más extraño de él es que está todo el día mordiéndose las uñas, comiéndose los dedos. Incluso cuando habla está comiéndose los dedos. Todo el día con la mano en la boca, royendo como los ratones de los dibujos animados. Un día le pregunté a Luis por qué se comía las uñas y los dedos. No me contestó y se enfadó conmigo, me dijo que dejara de mirarle todo el tiempo, que yo era un cotilla. Pero no puedo dejar de observarle, no entiendo por qué se quiere comer así, empezando por los dedos. Un día se lo pregunté al psiquiatra y me dijo que probablemente lo hacía para calmar sus nervios, que era una cosa de lo más normal, que lo hacía mucha gente. De verdad, no entiendo cómo morderte los dedos, las uñas, te calma los nervios. Yo, cuando estoy nervioso, me calmo en el baño, frotándome. Y me quedo muy tranquilo, con mucho gusto, y no hace falta que me muerda y que me haga sangre, como Luis. Yo me tranquilizo así, todos los días, tres o cuatro veces. Pero no puedo dejar de mirar a Luis, me da pena ver cómo se pasa todo el tiempo comiéndose sus dedos. Casi estoy esperando ver una mañana cómo se despierta sin sus manos. De momento no ha ocurrido, pero no dejo de mirarle por si le pasa eso.

No comprendo cómo te puedes tranquilizar haciéndote sangre, mordiéndote. No paro de observarle, me tiene intrigado.

El otro día, cuando yo estaba nervioso, en lugar de frotarme en el baño, se me ocurrió intentar tranquilizarme como Luis, como mucha gente que me dice el psiquiatra que lo hace. No lo conseguí, al primer mordisco que me di tuve mucho dolor y todo el suelo de la habitación se llenó de sangre. Me tuvieron que llevar al médico, que me curó la mano, me puso unas tiritas en el dedo y luego una venda de esas blancas, como las de las momias de las películas de aventuras que vemos los sábados. También me dieron otra pastilla, una nueva, dijeron que para el dolor.

Sigo viendo a Luis morderse las manos. Ahora, después de probar a calmarme como él, ya no le entiendo, no comprendo nada. Le voy a enseñar mi manera de tranquilizarme, a ver si le gusta más.




27 junio 2026

Análisis literario de Tolo

 Espero que os guste.






21 junio 2026

Los valles del Pas

 Qué bien se está de vacaciones...

Valles pasiegos, Cantabria.



Un saludo, Miguel.






05 junio 2026

Video de mi participación el la I Feria Enfermera del Libro de Madrid (1 y 2 de junio de 2026)

 

Lo dicho, un video de 1 minuto 10 segundos, para no aburrir al personal.






Un saludo afectuoso

15 mayo 2026

Termina el día (octubre, 2025)

Soy un buque fantasma sin tripulación. Soy un cascarón vacío. Vacío en mi interior tras caer al suelo. Suelo otoñal que besa mis agujas. En ese momento, cuando me fundo con la tierra oscura y húmeda, soy consciente de la edad que tengo. Tengo la edad justa. Pero sangro en mi interior la pérdida de los míos. ¿Quién se los llevó? ¿Dónde están? Caen lágrimas de desesperación y me hallo postrada, sin encontrar solución. Solución a mi incapacidad. Incapacidad de movimiento. Movimiento hacia los míos. Míos son vuestros recuerdos, mis niños. Niños que juegan con ellas en las manos, y soplan, y las hacen saltar. Saltar, en qué momento me atreví.

Un destello naranja, como las hojas que me rodean, ilumina mis rincones y me muestra su historia. El presente. Unos niños, con miradas tamizadas por gorros y bufandas, las señalan con dedos temblorosos. Los padres, sonrientes, asienten con la cabeza varias veces y les entregan un billete. Corren hasta el señor de grueso bigote y grueso abdomen, que suelta aire blanco por la boca. Bajo una gorra negra brillante, sus ojos observan un tonel de metal con un montón de formas redondeadas de piel renegrida, situadas sobre una plancha metálica de color rojo anaranjado. Dirige sus gruesos dedos hacia ellas y va cogiendo de dos en dos hasta llenar tres cucuruchos de papel de periódico. Se los entrega entre risas y aplausos de los niños, y coge el billete, que guarda en un bolsillo del pantalón. Los niños soplan las formas renegridas y las hacen saltar entre sus manos. Qué desgracia, mi prole dando botes. Qué desgracia, si no me dejaron advertir que no eran mis hijos. Eran de otro, fruto de un injerto abominable. Crecieron dentro de mi como si fuesen míos, pero su oscuro corazón palpitaba amargura venenosa. Qué desgracia.   

El destello naranja se oscurece y deja de iluminar mis rincones, y yazco desecha bajo un manto de hojarasca, y comprendo que la vida es corta. Corta el cordón umbilical y cae. Cae el telón de mi existencia. Existencia que niegan mis hijos mientras son masticados.  

Ya está, el crepitar naranja del carbón otoñal puso fin a sus esperanzas. Se retuercen en el suelo, las caras pálidas y azules como el cielo al terminar el día, con espuma blanquecina saliendo de sus labios apretados. Terminar el día. Mi vida mía acabó cuando caí al suelo. Suelo otoñal que besaron mis agujas. Agujas dolorosas fijan la tragedia en vuestros cerebros. Cerebros atravesados por un frío finito.

Son buques fantasmas sin tripulación. Son cascarones vacíos.





17 abril 2026

Entrevista a Miguel Morató

Buenos días os dejo aquí esta entrevista (autoentrevista). Espero que os guste, es totalmente artesanal, por lo que pido disculpas por los fallos...











¿Cómo surgió la idea de Tolo?

El germen de Tolo nació en 2017 , en un taller de escritura con #marisamañana. Era un relato donde el personaje principal, el narrador, cuen...