El germen de Tolo nació en 2017, en un taller de escritura con #marisamañana. Era un relato donde el personaje principal, el narrador, cuenta cosas de un compañero de piso donde viven. Es un piso tutelado, y el psiquiatra les ha encargado que escriban una redacción sobre alguna rareza de uno de sus compañeros. El personaje y la ambientación me gustaron, y lo utilicé para otros trabajos. Y por fin, este año la criatura nació con nombre propio: Tolo.
Este es el relato de aquel año. Son cerca de seiscientas palabras, espero que os guste.
Hoy es viernes, hoy tengo que escribir sobre uno de mis compañeros de piso, sobre alguna cosa que haga que me parezca rara, extraña. El psiquiatra nos manda escribir todos los viernes, después de desayunar. Dice que es una terapia que nos vendrá bien, que nos ayudará cuando salgamos a la calle.
El compañero del que voy a hablar se llama Luis, es un chico joven, tiene el pelo negro y todo el día está sin parar de moverse. No sé cómo se llama su enfermedad, todos tenemos una. No le veo sentado casi nunca, todo el día paseando por el piso, y cuando está sentado sus piernas no paran de botar. Cuando comemos no para de hablar, moviendo todo el cuerpo. Incluso habla por las noches, todo el rato, aunque no logro entender qué dice en sus sueños. Le tengo que decir al psiquiatra que le de una de mis pastillas. Una noche le di la mía y me quedé sin dormir toda la noche, viendo cómo Luis dormía del tirón, sin hablar.
Pero hoy tengo que hablar de alguna cosa muy rara de Luis. Lo más extraño de él es que está todo el día mordiéndose las uñas, comiéndose los dedos. Incluso cuando habla está comiéndose los dedos. Todo el día con la mano en la boca, royendo como los ratones de los dibujos animados. Un día le pregunté a Luis por qué se comía las uñas y los dedos. No me contestó y se enfadó conmigo, me dijo que dejara de mirarle todo el tiempo, que yo era un cotilla. Pero no puedo dejar de observarle, no entiendo por qué se quiere comer así, empezando por los dedos. Un día se lo pregunté al psiquiatra y me dijo que probablemente lo hacía para calmar sus nervios, que era una cosa de lo más normal, que lo hacía mucha gente. De verdad, no entiendo cómo morderte los dedos, las uñas, te calma los nervios. Yo, cuando estoy nervioso, me calmo en el baño, frotándome. Y me quedo muy tranquilo, con mucho gusto, y no hace falta que me muerda y que me haga sangre, como Luis. Yo me tranquilizo así, todos los días, tres o cuatro veces. Pero no puedo dejar de mirar a Luis, me da pena ver cómo se pasa todo el tiempo comiéndose sus dedos. Casi estoy esperando ver una mañana cómo se despierta sin sus manos. De momento no ha ocurrido, pero no dejo de mirarle por si le pasa eso.
No comprendo cómo te puedes tranquilizar haciéndote sangre, mordiéndote. No paro de observarle, me tiene intrigado.
El otro día, cuando yo estaba nervioso, en lugar de frotarme en el baño, se me ocurrió intentar tranquilizarme como Luis, como mucha gente que me dice el psiquiatra que lo hace. No lo conseguí, al primer mordisco que me di tuve mucho dolor y todo el suelo de la habitación se llenó de sangre. Me tuvieron que llevar al médico, que me curó la mano, me puso unas tiritas en el dedo y luego una venda de esas blancas, como las de las momias de las películas de aventuras que vemos los sábados. También me dieron otra pastilla, una nueva, dijeron que para el dolor.
Sigo viendo a Luis morderse las manos. Ahora, después de probar a calmarme como él, ya no le entiendo, no comprendo nada. Le voy a enseñar mi manera de tranquilizarme, a ver si le gusta más.






