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15 mayo 2026

Termina el día (octubre, 2025)

Soy un buque fantasma sin tripulación. Soy un cascarón vacío. Vacío en mi interior tras caer al suelo. Suelo otoñal que besa mis agujas. En ese momento, cuando me fundo con la tierra oscura y húmeda, soy consciente de la edad que tengo. Tengo la edad justa. Pero sangro en mi interior la pérdida de los míos. ¿Quién se los llevó? ¿Dónde están? Caen lágrimas de desesperación y me hallo postrada, sin encontrar solución. Solución a mi incapacidad. Incapacidad de movimiento. Movimiento hacia los míos. Míos son vuestros recuerdos, mis niños. Niños que juegan con ellas en las manos, y soplan, y las hacen saltar. Saltar, en qué momento me atreví.

Un destello naranja, como las hojas que me rodean, ilumina mis rincones y me muestra su historia. El presente. Unos niños, con miradas tamizadas por gorros y bufandas, las señalan con dedos temblorosos. Los padres, sonrientes, asienten con la cabeza varias veces y les entregan un billete. Corren hasta el señor de grueso bigote y grueso abdomen, que suelta aire blanco por la boca. Bajo una gorra negra brillante, sus ojos observan un tonel de metal con un montón de formas redondeadas de piel renegrida, situadas sobre una plancha metálica de color rojo anaranjado. Dirige sus gruesos dedos hacia ellas y va cogiendo de dos en dos hasta llenar tres cucuruchos de papel de periódico. Se los entrega entre risas y aplausos de los niños, y coge el billete, que guarda en un bolsillo del pantalón. Los niños soplan las formas renegridas y las hacen saltar entre sus manos. Qué desgracia, mi prole dando botes. Qué desgracia, si no me dejaron advertir que no eran mis hijos. Eran de otro, fruto de un injerto abominable. Crecieron dentro de mi como si fuesen míos, pero su oscuro corazón palpitaba amargura venenosa. Qué desgracia.   

El destello naranja se oscurece y deja de iluminar mis rincones, y yazco desecha bajo un manto de hojarasca, y comprendo que la vida es corta. Corta el cordón umbilical y cae. Cae el telón de mi existencia. Existencia que niegan mis hijos mientras son masticados.  

Ya está, el crepitar naranja del carbón otoñal puso fin a sus esperanzas. Se retuercen en el suelo, las caras pálidas y azules como el cielo al terminar el día, con espuma blanquecina saliendo de sus labios apretados. Terminar el día. Mi vida mía acabó cuando caí al suelo. Suelo otoñal que besaron mis agujas. Agujas dolorosas fijan la tragedia en vuestros cerebros. Cerebros atravesados por un frío finito.

Son buques fantasmas sin tripulación. Son cascarones vacíos.





17 abril 2026

Entrevista a Miguel Morató

Buenos días os dejo aquí esta entrevista (autoentrevista). Espero que os guste, es totalmente artesanal, por lo que pido disculpas por los fallos...











12 abril 2026

Tolo

Por fin llegó la presentación de Tolo.

Estoy muy agradecido a todas las personas que me acompañasteis el pasado viernes 10 de abril. Pero todavía más agradecido, en deuda, con las personas que os acercasteis pero no os dejaron entrar por haberse completado el aforo. ¡Mil perdones! Os quiero, muchas gracias.

https://www.editorialsg.com/producto/tolo/









11 marzo 2026

Presentación de Tolo, 10 de abril

 




02 marzo 2026

Los furin (2026)

—¿Todo bien, Nicole?

—Todo bien, Pierre, pasa.

El portazo hizo tintinear las campanas tibetanas. Habían vuelto a quedar para estudiar en su casa, y aunque a Pierre se le notaba que ella le gustaba, Nicole tenía dudas, y por eso le había invitado varias veces con la excusa del estudio. Tenía un nosequé, como cuando comes algo que sabes que te va a sentar mal y estás toda la tarde esperando ese momento que nunca llega; era algo que flotaba en el ambiente, que se movía entre campanillas. Le acompañó al salón, haciendo rechinar la tarima blanquecina, y después Nicole fue a la cocina y preparó café; los exámenes sobrevolaban en círculos como los buitres. Pierre oyó el ruido del borboteo del café y adivinó su olor amargo, que le recordó las tardes en la playa de Gandía tomando café con hielo.

La tarima rechinó y se alzó un repiqueteo, como si cientos de grillos cantasen. Eran los furin japoneses de cristal que Nicole tenía a la entrada del salón, presidido por un Buda dorado. Pierre se abstuvo de hacer comentarios, porque la última vez discutieron cuando hizo una broma desafortunada sobre la barriga de aquel. Pensaba que Nicole estaba demasiado obsesionada con el budismo.

—Hummm, qué bien huele. 

—Es especial, traído de Vietnam.

—Por el olor amargo, parece que han cortado hierba en el prado. Este café nos quitará el sueño, seguro.

Tomaron el café solo, sin azúcar, mientras comentaban chismes y reían. A los cinco minutos, Nicole recogió en una mesita auxiliar las tazas y comenzaron a estudiar. Pierre se centró en los apuntes sin levantar la cabeza, musitando para sí. Nicole se sentó sobre las piernas dobladas, con unos cascos de música gigantes, unas tarjetas con resúmenes y el libro. Estuvieron varias horas tan concentrados, que no notaron cómo las corrientes de aire atravesaban las campanas japonesas. A las tres horas ella le tocó el hombro y Pierre levantó la vista:

—Es hora de hacer un descanso. ¿Más café? 

—¡Si, perfecto! Voy un momento al baño. 

—Ten cuidado con el lavabo, está roto y si te apoyas con fuerza se puede caer.

Se levantó y los furin le saludaron. Entró en el baño y cerró la puerta, y sonaron más campanillas. Se lavó la cara y se miró al espejo. Levantó la mano para peinarse cuando su corazón frenó en seco: un par de ojos dorados sin cejas le miraban. Se volvió deprisa y lo golpeó sin querer con el codo, aunque lo cogió antes de caer al suelo y sonrió. Pero la sonrisa se evaporó como un globo que se suelta y desaparece en el cielo, porque se fijó que tenía un desconchón. Joder, ¿qué hago ahora con esto? Se acordó de su primo, que pintaba maquetas. ¿Pero cómo sacarlo de allí? Imposible, era imposible. ¡Joder! Tenía que esconderlo, pero ¿dónde? No había sitio. Qué marrón, a tomar por saco sus planes con Nicole. Miró hacia arriba para blasfemar pero quedó mudo bajo una sonrisa: la cisterna. Era de las antiguas, como toda la casa. Se veía el mecanismo de la boya oxidado, y se escuchaba el siseo de una fuga. Colocó un taburete cojo encima de la taza del váter y se subió con cuidado. Haciendo equilibrios, taca-taca, taca-taca, lo sumergió. ¡Coño!, no entraba del todo. Apretó con fuerza pero solo consiguió salpicar agua, bajó y miró hacia arriba. ¡Bah!, se mimetiza con el techo, y si no te fijas no se ve; mañana traeré pintura. Para disimular, tiró de la cadena y la cisterna hizo un ruido afónico, un quiero y no puedo. Pierre se quedó frío y grisáceo, hasta que un chorro de agua cayó por la porcelana blanca. Salió con una sonrisa del baño, que se despidió de él tintineando. Nicole se levantó y le miró con el ceño fruncido, mientras él entraba rápido al salón entre los tintineos de los furin. 

—¿Todo bien, Pierre?

—Todo bien, Nicole. El café, que es muy fuerte.

—¿Te ha pasado algo en el baño? He oído un golpe.

—Si, si, esto… había agua y resbalé. No me caí pero di una patada para equilibrarme.

—¿No te habrás apoyado en el lavabo y se habrá caído, no?

—No, por Dios, se hubiese escuchado un golpetazo enorme. Y se habría roto todo. Si no me crees, ve y mira con tus ojos.

—No te pongas así, que te creo. Es que el baño está muy mal. ¿Te has hecho daño?

—No, no, tranquila, solo es el susto. ¿Seguimos estudiando? Creo que lo llevo mal, y te iba a decir que mañana volviésemos a quedar.

—Me parece buena idea, yo tampoco lo llevo bien. ¿En tu casa?

—¡No! No, esto… prefiero en tu casa, en la mía hay obras en la calle hasta las diez, y no hay quien pare. Y la perra está en celo, y debajo de casa aúllan los machos.

—Pues así es imposible. Pero mañana tampoco podemos quedar aquí.

—¿No?

—Vienen los obreros para reformar el baño, ya has visto cómo está. Me han prometido que en tres días terminan.

Pierre se quedó frío y grisáceo, mientras sus latidos movían los furin de cristal.

—¿Te pasa algo?

—No, por supuesto que no.

—Buenos, sigamos estudiando, que estos días habrá que ir a la biblioteca y allí será difícil estudiar, con el ruido que hay. 

Nicole se sentó sobre las piernas cruzadas, mientras los furin de su cabeza tintineaban violentamente.

—¿Nicol?

—¿Si, Pierre?

—Tengo que decirte una cosa…

—¿El lavabo?



23 febrero 2026

En la imprenta...

 



Los valles del Pas

 Qué bien se está de vacaciones... Valles pasiegos, Cantabria. Un saludo, Miguel.